viernes, 3 de agosto de 2012

El cielo


Muchos dicen no saber que es, que deben ascender a un plano superior para conocerlo; otros dirán que es aquello que es nuestra percepción de lo que nos separa del infinito. Yo... vivo con él, vivo en él, me despierto todas las mañanas a su lado, sé lo que es amarlo, entregar todo por él.


Sin embargo, aquel miedo tan irracional de perderle, de sentir que quizás un momento tocaste en tan perfecta melodía la tecla incorrecta, es tan equivalente al infierno, que el reflejo primero y primitivo es querer desaparecer y borrar tu existencia


Una parte de ti muere cada vez que te das cuenta que has sido conducido a dar un paso en la escalera de vuelta a la tierra, pero te niegas a reconocerlo, plantando la infantil idea de que hay una forma de volver a subir, cayendo por fin en una perenne tristeza cuando te das cuenta que todo tu ser ya ha bajado de ese cielo, y que no ves ni remotamente el camino para volver a subir.

domingo, 8 de julio de 2012

Pérdida de una pasión

Casi parecido a ese momento cuando estás más que acostumbrado a ganar y no perder y por fin pierdes, es el momento en que planificas todo con esmero y puede que con cariño por lo que haces o por algo o alguien más, pensando que no estás dando oportunidad al margen de error ni dando vida a equivocaciones, y de pronto la pieza clave por la cual estabas haciendo las cosas desaparece de tu vista porque simplemente en un momento del camino la omitiste o se cayó...

Se pierde el ánimo y comienzan a hacerse las cosas más que por un deseo, por la terquedad de terminar algo que se empezó. El resultado por muy bueno que te digan los demás que está ya no te satisface y hasta te puede parecer repugnante, vacío. Te comienzas a mover por el deber ser y no por el querer ser, consciente que tu alma -si es que alguna vez tuviste una- está lejos de allí, al igual que tu pensamiento.



Es ese el momento en que se comienza a ser esclavo de la cotidianidad y de la voluntad de los demás, sumido en la pérdida de algo que está allí y podemos tocar, pero por estar maniatados por  razones que pueden ser válidas como también completamente vanas, no lo alcanzamos quedando en un estado de sumisión hasta que algo o alguien nos desate o nos despierte...


P.D.: gracias a Reynaldo por el título

sábado, 28 de abril de 2012

Las palabras

Es casi asfixiante esa sensación de recuerdo, cuando la palabra no valía nada y la tomabas como un artefacto más en vez de la manifestación de una convicción o un sentimiento. La opresión de la duda presente al no saber si tu decisión de dejar ese estilo de ver las cosas fue correcta o errónea, el sollozo del alma que no recuerda como volver atrás, porque no se puede retroceder lo hecho.

Ese momento cuando ves las palabras vacías y te da miedo, miedo al rechazo al volver a ese estilo de vida, miedo a la desilusión y la oscuridad que resurgió sin darte cuenta, miedo a la soledad a la que esa alma por incomprendida fue condenada.

Miedo a la confusión, porque sabes que al no haber palabras se transgiversan tus actos, porque al igual que estas últimas pueden tener un sentido oculto, pero a diferencia de estas con el viento no vuelan y se pierden.

Pero al final de cuentas dejas todo como está, porque no consideras tus propias palabras vacías y existen aquellos que al igual que tu, cuando dicen algo así no sea promesa tratan de dejar su alma por cumplirlo, pero como todo, siempre existiran aquellos de palabras ligeras, aquellos que con solo una brisa sus frases se pueden perder dejándolas en el olvido... para ellos... más no para tí.

sábado, 18 de febrero de 2012

Sin título

Una invitación a ver a la luna, un pequeño chocolate como regalo, una nota como dedicatoria sin remitente y sin receptor, una foto en un momento inesperado, un abrazo en lugar de un te amo, un momento robado en una situación ocupada sólo para escuchar su voz, son tantas las cosas que se pueden hacer sin caer en lo premeditado, sin caer en lo ostentoso, y que pueden tener más valor que un regalo caro, que una demostración abierta de amor.

Son las pequeñas cosas que nos hacen felices, no es conformarse con migajas sino apreciar aquello que en realidad te hacen saber lo que es estar vivo y el saber que es amar, son las cosas que nos hace querer seguir luchando, son las cosas que nos hacen querer estar allí así sea en una esquinita viendo de lejos como las personas que amamos son felices, o las que nos hace pelear contra alguna injusticia que les robe la felicidad cuando ellos ya se han dado por vencidos.

Y sin saber cómo finalizar, solo hay algo que quizás vale la pena mencionar, aunque ya la frase parezca tan olvidada o quizás desgastada. Te amo jesús escobar.