El destino, un fastidioso quizás papel existente que dicta lo que tenemos que hacer en nuestra vida, ¿no podemos elegir?, tonterías. Sin embargo, muchas veces vemos las cosas tal cual pueden suceder y por hacernos los todopoderosos lo ignoramos.
Nos burlamos de las advertencias, y luego recordamos con tristeza o con alegría como lo hicimos. Desafiamos los limites, ignoramos el sentir ajeno, incluso el propio, y despues nos miramos en un espejo con arrepentimiento, aunque puede que este no se manifieste y solo quede el vacío del orgullo, o una fastidiosa voz llamada consciencia.
Es en estos casos donde prefiero el silencio, sin voces o caminos que seguir, simplemente la nada, un "¿Qué hare ahora?" normal y corriente, que sea consecuencia del ocio, y no de una decisión tomada
martes, 28 de diciembre de 2010
Un juego...
Como niños pequeños que les han prohibido salir por la lluvia, escaparon de la casa, todo esta preparado, sus padres no están en casa, y la niñera se ha dormido. Ríen en complicidad y miran el cielo gris con burla.
Salen a jugar como cada tarde, burlando el tiempo que está encima de ellos, disfrutando cada segundo que pasa, cada momento, cada palabra, cada sonrisa. Uno de ellos mira la hora y toma de la mano al menor para llevárselo a rastras a casa.
La niñera sigue dormida, y apenas entran las gotas de lluvia comienzan a caer sobre aquel hogar, alertando a la anciana que los cuidaba. Ella les pregunta que hicieron, y contestaron una verdad a medias: "jugar". Nadie tenía que enterarse que habían salido a pesar de las advertencias, porque ese era un secreto de ellos, que mientras que no se mojaran al llover, estaba a salvo.
Salen a jugar como cada tarde, burlando el tiempo que está encima de ellos, disfrutando cada segundo que pasa, cada momento, cada palabra, cada sonrisa. Uno de ellos mira la hora y toma de la mano al menor para llevárselo a rastras a casa.
La niñera sigue dormida, y apenas entran las gotas de lluvia comienzan a caer sobre aquel hogar, alertando a la anciana que los cuidaba. Ella les pregunta que hicieron, y contestaron una verdad a medias: "jugar". Nadie tenía que enterarse que habían salido a pesar de las advertencias, porque ese era un secreto de ellos, que mientras que no se mojaran al llover, estaba a salvo.
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