A veces pienso que aparte de la racionalidad y del sentimentalismo está el orgullo, que con su sola presencia puede cambiar una decisión o un hecho.
El orgullo, cuando está herido, a pesar de que hagas tu mejor esfuerzo para mantenerlo dormido, siempre tendrá la palabra, así sea la del comienzo, como la del final. El truco está en que sea el lado racional el que coopere con el, ya que el sentimentalismo alimenta su pedancia, su fuerz y su concepto de la verdad que lejos de ser correcta es bastante retorcida.
Al orgullo hay que dejarlo hablar, más no actuar. Sus acciones tienden a ser erráticas por su falta de veracidad, llenas de malas decisiones debido a su resentimiento, y la ausencia de control las llenan de explosividad.
Al orgullo luego de despierto no hay que limitar sus movimientos mientras que se pueda controlar (irónico ¿no?), es por eso que le por eso que actuará y hablará mientras que aún la razón esté de su lado, para irse a dormir de nuevo en paz.
lunes, 15 de agosto de 2011
domingo, 14 de agosto de 2011
Un pensamiento sincero.
¡Qué problema es el hecho de que el ser humano tenga que lidiar con dos partes!, la lógica y la ilógica, la racional y la sentimental, la metódica y la intuitiva. Nunca pensé, cuando en un momento de mi vida decidí dar igual importancia a ambas facetas, que iba a estar en semejante lío, siendo lo más gracioso del momento, el hecho de que ambas están empecinadas en algo que es una locura, una locura que es en esencia peor de la que ya cometí, pero que en apariencia parece hasta más cuerda.
El tiempo es demasiado fluctuante, demasiado inestable, demasiado impredecible, sabes cuando algo comienza porque ya pasó, pero nunca sabes cuándo termina, puedes poner un tope y alcanzar la meta antes, como también podrías alcanzarla después. Para jugar con el tiempo se necesita paciencia, esfuerzo, perseverancia y más paciencia aún. Se necesita intuición e inteligencia, perspicacia y rapidez para saber cuándo y cómo actuar de acuerdo con la situación. La meta cambia también conforme a lo que la involucra, cuando es material, es fácil controlar el típico estado de impaciencia, cuando la meta involucra a personas, involucra sentimientos e inevitablemente será más difícil controlarla.
Es por eso que mi simple deseo o meta a pesar de ser en apariencia tan cuerdo es una exquisita locura, porque a pesar de todo lo vale, y pienso esperar por ello si así es necesario, hasta que la puerta se cierre con llave.
El tiempo es demasiado fluctuante, demasiado inestable, demasiado impredecible, sabes cuando algo comienza porque ya pasó, pero nunca sabes cuándo termina, puedes poner un tope y alcanzar la meta antes, como también podrías alcanzarla después. Para jugar con el tiempo se necesita paciencia, esfuerzo, perseverancia y más paciencia aún. Se necesita intuición e inteligencia, perspicacia y rapidez para saber cuándo y cómo actuar de acuerdo con la situación. La meta cambia también conforme a lo que la involucra, cuando es material, es fácil controlar el típico estado de impaciencia, cuando la meta involucra a personas, involucra sentimientos e inevitablemente será más difícil controlarla.
Es por eso que mi simple deseo o meta a pesar de ser en apariencia tan cuerdo es una exquisita locura, porque a pesar de todo lo vale, y pienso esperar por ello si así es necesario, hasta que la puerta se cierre con llave.
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