Casi parecido a ese momento cuando estás más que acostumbrado a ganar y no perder y por fin pierdes, es el momento en que planificas todo con esmero y puede que con cariño por lo que haces o por algo o alguien más, pensando que no estás dando oportunidad al margen de error ni dando vida a equivocaciones, y de pronto la pieza clave por la cual estabas haciendo las cosas desaparece de tu vista porque simplemente en un momento del camino la omitiste o se cayó...
Se pierde el ánimo y comienzan a hacerse las cosas más que por un deseo, por la terquedad de terminar algo que se empezó. El resultado por muy bueno que te digan los demás que está ya no te satisface y hasta te puede parecer repugnante, vacío. Te comienzas a mover por el deber ser y no por el querer ser, consciente que tu alma -si es que alguna vez tuviste una- está lejos de allí, al igual que tu pensamiento.
Es ese el momento en que se comienza a ser esclavo de la cotidianidad y de la voluntad de los demás, sumido en la pérdida de algo que está allí y podemos tocar, pero por estar maniatados por razones que pueden ser válidas como también completamente vanas, no lo alcanzamos quedando en un estado de sumisión hasta que algo o alguien nos desate o nos despierte...
P.D.: gracias a Reynaldo por el título
domingo, 8 de julio de 2012
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