Un día, fastidiada de su vida actual, una joven salió de lo que conocía como hogar y se emprendió un viaje, en cuyo camino tuvo que pasar por un desierto, hasta que encontró una ciudad que le llamó muy especialmente su atención. Aquella ciudad era como un laberinto lleno de trampas, en donde sus ciudadanos -hábiles, inteligentes, amables pero demasiado desconfiados-, acostumbrados a vivir en un lugar totalmente apartado del resto, era totalmente reticente a los extranjeros que pudieran poner un pie en aquellas tierras, .
La mujer, inteligente y hábil como ella sóla podía ser, recorrió aquel laberinto, evadió sus trampas, se ganó a los ciudadanos, y comenzó a revolucionar aquel pequeño lugar, ganándose en poco tiempo el cariño y afecto de todos los que la rodeaban, hasta el punto en que comenzaron a hacerle caso a sus mandatos cómo si fuera su gobernante, mandato que hizo de la ciudad un pequeño imperio que era comparable con cualquier otro reino, con sus imperfecciones, quizás los aldeanos se habían entregado a la sumisión más de la cuenta, pero aquello no era algo que no se podía cambiar, porque después de todo no hablamos de una dictadura.
Después de un tiempo, por razones que no son relevantes en este relato, aquella mujer se fue, dejando a aquel reino algo perdido, casi desorientado, porque se habían acostumbrado a que ella le gobernara. La buscaron hasta el cansancio sin tener éxito, y cuando ya era un hecho que no la iban a encontrar, el reino se fue reponiendo, aprendieron a mantenerlo entre todos, agradecidos eternamente con la mujer que les había ayudado a prosperar.
Un día, en un viaje que un aldeano había hecho a un nuevo reino emergente y cercano, descubrió que el gobernante era aquella hábil mujer, y corrió de nuevo a su hogar a contar la buena nueva, aquel reino era distinto, construido de una forma totalmente diferente al suyo, pero aquello no les importaba, sólo le importaba el mantener la relación y el contacto con la persona que les había ayudado. Un diplomático fue enviado a hacer negociaciones, deseando establecer un intercambio tanto tecnológico como cultural, y en apariencia y en palabras lo había logrado, pero cuando regresó a su reino jubiloso de haber logrado algo, se encontró con el lugar en ruinas, y con todo aquel que le hablaba decía lo mismo: "un ejército del reino nuevo cercano vino por ordenes de su reina, nuestra antigua gobernante, con órdenes de destruirnos"
¿Cuál es el objetivo de destruir algo que uno mismo construye? ¿Cuál, si no es el mismo miedo que eso te destruya primero?
domingo, 11 de julio de 2010
Palabras mudas
Palabras, cadenas que pueden llevar a un alma a la perdición o a la misma redención, al mismo cielo. Palabras que pueden llevarse el viento o que pueden quedar grabadas en la memoria como una cicatriz en la piel, molesta, que te hacen recordar una y otra vez algo que pudo ser divertido, como tambien triste.
¿Qué puede decir más que una palabra? una acción, sin embargo sin las palabras son nada, porque el ser humano siempre sin querer las busca, y es aquí donde me pregunto ¿entonces que hacemos aquellos que no tenemos el don de la palabra?, nada, esperar que nos pregunten, y esperar que cuando tratemos de explicarnos lo hagamos bien, y si lo hacemos mal, intentar redimirnos.
Aquellos que tienen el don de la palabra tienen la increible capacidad de cambiar el mundo a su alrededor, tanto positiva, como negativamente, pueden convencer masas y e inculcar en los demás su propio pensamiento, sin embargo ¿hasta que punto puede ser cierto?, hasta el punto en que nos damos cuenta en que si no hay una acción que la respalde puede caerse tal cual torre de naipes.
Es por esto por lo que prefiero aferrarme a las acciones, a veces confusas cuando el que las ejecuta es inseguro(a), y sólo recurrir a las palabras cuando sea totalmente necesario. Decimos lo que pensamos y también lo que no, decimos la verdad como tambien mentimos, decimos lo que sentimos y a veces callamos por miedo a expresar nuestro sentir, y para ello no hay que ser un perfecto mentiroso, sin embargo para mentir con nuestras acciones hay que ser maestros, porque ni un aprendiz lo hace perfecto. Por ello prefiero el lenguaje del cuerpo a la hora de tratar con los demás, palabras mudas que expresan lo que quiero, pienso, y deseo.
¿Qué puede decir más que una palabra? una acción, sin embargo sin las palabras son nada, porque el ser humano siempre sin querer las busca, y es aquí donde me pregunto ¿entonces que hacemos aquellos que no tenemos el don de la palabra?, nada, esperar que nos pregunten, y esperar que cuando tratemos de explicarnos lo hagamos bien, y si lo hacemos mal, intentar redimirnos.
Aquellos que tienen el don de la palabra tienen la increible capacidad de cambiar el mundo a su alrededor, tanto positiva, como negativamente, pueden convencer masas y e inculcar en los demás su propio pensamiento, sin embargo ¿hasta que punto puede ser cierto?, hasta el punto en que nos damos cuenta en que si no hay una acción que la respalde puede caerse tal cual torre de naipes.
Es por esto por lo que prefiero aferrarme a las acciones, a veces confusas cuando el que las ejecuta es inseguro(a), y sólo recurrir a las palabras cuando sea totalmente necesario. Decimos lo que pensamos y también lo que no, decimos la verdad como tambien mentimos, decimos lo que sentimos y a veces callamos por miedo a expresar nuestro sentir, y para ello no hay que ser un perfecto mentiroso, sin embargo para mentir con nuestras acciones hay que ser maestros, porque ni un aprendiz lo hace perfecto. Por ello prefiero el lenguaje del cuerpo a la hora de tratar con los demás, palabras mudas que expresan lo que quiero, pienso, y deseo.
lunes, 5 de julio de 2010
El juez y el reo
La verdad, es un término relativo, la mentira también lo es, lo bueno puede ser bueno para ti, mientras que para alguien más puede ser algo malo y viceversa. Cada quién tiene su propia verdad y en muchos casos la defiende a capa y espada, pero, cuando esa verdad envuelve a otra persona, ¿no sería bueno saber si nuestra verdad es tambien la suya?
Vivimos prediciendo, suponiendo, y a veces juzgamos a otra persona basándonos en nuestra verdad, ignorando totalmente la de la contraparte. Es imposible saber y vivir bajo las verdades de todos, eso lo sé, no todo el mundo es importante para nuestro mundo, eso es verídico, sin embargo a veces nos hacemos ciegos incluso ante las verdades que están en nuestro lado, y que incluso, pueden, en la realidad, ser verdades más pesadas que las nuestras.
No se puede condenar a un reo sin haberlo sometido a juicio, no se puede condenar a un reo sin que éste sepa su delito, sería injusto, sin embargo, en esos casos, el tiempo dictará, quién tenía más razón, si el reo, o el juez.
Vivimos prediciendo, suponiendo, y a veces juzgamos a otra persona basándonos en nuestra verdad, ignorando totalmente la de la contraparte. Es imposible saber y vivir bajo las verdades de todos, eso lo sé, no todo el mundo es importante para nuestro mundo, eso es verídico, sin embargo a veces nos hacemos ciegos incluso ante las verdades que están en nuestro lado, y que incluso, pueden, en la realidad, ser verdades más pesadas que las nuestras.
No se puede condenar a un reo sin haberlo sometido a juicio, no se puede condenar a un reo sin que éste sepa su delito, sería injusto, sin embargo, en esos casos, el tiempo dictará, quién tenía más razón, si el reo, o el juez.
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