Porque incluso los objetos mas puros tienen un punto de corrupción y porque no hay ni una sola acción que lo vuelva puro de nuevo, se corrompió, siendo aplastada por su propio peso. Un grito murió en su garganta al desvanecerse, y con un lamento confesado por medio de una mirada hacia su creador se despidió del mundo.
El hombre, conteniendo las lágrimas se dejo caer al suelo lamentándose, todo el odio y maldiciones que le profesaba no era más que una forma de esconder su amor, todas las acciones que intentó hacer, no era más que una forma desesperada de mantenerla con vida, pero todo aquello fue inútil, en vano, y aún así lo intentó porque le amaba.
Reteniendo los sollozos se levantó del suelo, y rezó por su bienestar, esperaba que estuviera bien sin su cuidado, eso era todo lo que podía hacer, no podía traerla de nuevo, tampoco podía crear otra tan perfecta como ella, simplemente, no tenía ya ánimos para crear una promesa que tomara su lugar.
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