El destino, un fastidioso quizás papel existente que dicta lo que tenemos que hacer en nuestra vida, ¿no podemos elegir?, tonterías. Sin embargo, muchas veces vemos las cosas tal cual pueden suceder y por hacernos los todopoderosos lo ignoramos.
Nos burlamos de las advertencias, y luego recordamos con tristeza o con alegría como lo hicimos. Desafiamos los limites, ignoramos el sentir ajeno, incluso el propio, y despues nos miramos en un espejo con arrepentimiento, aunque puede que este no se manifieste y solo quede el vacío del orgullo, o una fastidiosa voz llamada consciencia.
Es en estos casos donde prefiero el silencio, sin voces o caminos que seguir, simplemente la nada, un "¿Qué hare ahora?" normal y corriente, que sea consecuencia del ocio, y no de una decisión tomada
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