A veces pienso que aparte de la racionalidad y del sentimentalismo está el orgullo, que con su sola presencia puede cambiar una decisión o un hecho.
El orgullo, cuando está herido, a pesar de que hagas tu mejor esfuerzo para mantenerlo dormido, siempre tendrá la palabra, así sea la del comienzo, como la del final. El truco está en que sea el lado racional el que coopere con el, ya que el sentimentalismo alimenta su pedancia, su fuerz y su concepto de la verdad que lejos de ser correcta es bastante retorcida.
Al orgullo hay que dejarlo hablar, más no actuar. Sus acciones tienden a ser erráticas por su falta de veracidad, llenas de malas decisiones debido a su resentimiento, y la ausencia de control las llenan de explosividad.
Al orgullo luego de despierto no hay que limitar sus movimientos mientras que se pueda controlar (irónico ¿no?), es por eso que le por eso que actuará y hablará mientras que aún la razón esté de su lado, para irse a dormir de nuevo en paz.
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me encanta muy profundo...
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