martes, 16 de junio de 2009

A veces uno no elige su vida - Prologo

Era un día cualquiera en la empresa Easthcorp en el centro de la ciudad. Las grandes salas divididas en pequeñas oficinas modulares estaban repletas de gente en movimiento cumpliendo sus horas laborales, aunque como siempre algunos lo menos que hacían era trabajar, claro, los más antiguos sabían que esos empleados no durarían mucho, el gerente siempre estaba al tanto de lo que hacía cada uno de los empleados, lo curioso es que nadie sabía exactamente cómo, ni tampoco sabían quién era éste, ya que, el personal de la empresa siempre era atendido por su asistente, que por cierto en ese momento estaba en el cuarto piso de la sede, explicándole el manejo de la computadora a un recién contratado.

El pobre hombre de 24 años de edad, no sabía que hacer, si prestarle atención a su trabajo, o seguir embelesado con la mujer que, a pesar de su mucha imaginación, nunca se pensó que iba a ser así, se imaginó más bien -cuando le dijeron el tiempo que la asistente del gerente tenía trabajando ahí-, a alguna vieja regordeta para nada atractiva, pero frente a él tenía una completa antítesis a su imaginación: un cuerpo perfecto, ni exuberante ni escaso en sus medidas, obviamente trabajado por medio de ejercicio, una cara digna de una muñeca de porcelana a pesar de la ausencia de maquillaje, cabello negro, desconocido su largo ya que lo tenia pulcramente amarrado en un moño alto, y ojos ocultos bajo unas gafas cuadradas, cuyo color es de un azul tan claro que le daban el toque perfecto de frialdad al rostro ya carente de expresiones. Se hubiese perdido mucho más en su detallismo si no fuese porque una voz masculina interrumpió el hilo de voz que llevaba la muchacha.

- ¿Tú eres Amada no? –dijo confianzudamente con cierto tono de arrogancia en su voz.

- Srta. Jones, le agradezco que tenga más respeto, no le conozco-.

- Sinceramente no me importa, vengo a aquí para que me de un trabajo-.

- Tiene que hacer una cita, y un concurso como todos los demás empleados aquí presentes así que si me permite –y se dio media vuelta ignorando al rubio tras ella.

- No, discúlpeme usted a mi –y la tomo por el hombro e hizo que se diera media vuelta- mi padre dijo que viniese a hablar con usted-.

- Ah, ¿y quien es su padre? –preguntó ya con molestia en su voz aunque sin demostrar nada en su rostro.

- El dueño de la empresa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario