Un día, fastidiada de su vida actual, una joven salió de lo que conocía como hogar y se emprendió un viaje, en cuyo camino tuvo que pasar por un desierto, hasta que encontró una ciudad que le llamó muy especialmente su atención. Aquella ciudad era como un laberinto lleno de trampas, en donde sus ciudadanos -hábiles, inteligentes, amables pero demasiado desconfiados-, acostumbrados a vivir en un lugar totalmente apartado del resto, era totalmente reticente a los extranjeros que pudieran poner un pie en aquellas tierras, .
La mujer, inteligente y hábil como ella sóla podía ser, recorrió aquel laberinto, evadió sus trampas, se ganó a los ciudadanos, y comenzó a revolucionar aquel pequeño lugar, ganándose en poco tiempo el cariño y afecto de todos los que la rodeaban, hasta el punto en que comenzaron a hacerle caso a sus mandatos cómo si fuera su gobernante, mandato que hizo de la ciudad un pequeño imperio que era comparable con cualquier otro reino, con sus imperfecciones, quizás los aldeanos se habían entregado a la sumisión más de la cuenta, pero aquello no era algo que no se podía cambiar, porque después de todo no hablamos de una dictadura.
Después de un tiempo, por razones que no son relevantes en este relato, aquella mujer se fue, dejando a aquel reino algo perdido, casi desorientado, porque se habían acostumbrado a que ella le gobernara. La buscaron hasta el cansancio sin tener éxito, y cuando ya era un hecho que no la iban a encontrar, el reino se fue reponiendo, aprendieron a mantenerlo entre todos, agradecidos eternamente con la mujer que les había ayudado a prosperar.
Un día, en un viaje que un aldeano había hecho a un nuevo reino emergente y cercano, descubrió que el gobernante era aquella hábil mujer, y corrió de nuevo a su hogar a contar la buena nueva, aquel reino era distinto, construido de una forma totalmente diferente al suyo, pero aquello no les importaba, sólo le importaba el mantener la relación y el contacto con la persona que les había ayudado. Un diplomático fue enviado a hacer negociaciones, deseando establecer un intercambio tanto tecnológico como cultural, y en apariencia y en palabras lo había logrado, pero cuando regresó a su reino jubiloso de haber logrado algo, se encontró con el lugar en ruinas, y con todo aquel que le hablaba decía lo mismo: "un ejército del reino nuevo cercano vino por ordenes de su reina, nuestra antigua gobernante, con órdenes de destruirnos"
¿Cuál es el objetivo de destruir algo que uno mismo construye? ¿Cuál, si no es el mismo miedo que eso te destruya primero?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario